Isabel Herrero Martín


Falleció el 24 de julio de 2014 en Salamanca a los 84 años de edad y 59 de profesión religiosa. Pertenecía a la comunidad de MM. Mayores de Salamanca.
Al celebrar el paso de su muerte a la vida, damos gracias a Dios por su persona y su vida toda y pedimos al Señor para que, por su misericordia, la haya recibido ya en su Casa, esa Casa grande que él tiene preparada para todos sus hijos.
Isabel nace en Linares de Riofrío (provincia de Salamanca) hace 84 años. Sintiéndose llamada por el Señor a la vida religiosa, ingresa en la Congregación de las Siervas de San José en Salamanca.

Al hacer su profesión en 1955 es enviada al Colegio de Barcelona y más tarde  al Colegio de Cuenca. En 1967 es destinada a Chile donde vive durante 25 años, realizando diferentes servicios de Superiora, Consejera Local, Administradora y Responsable del Taller.
Estuvo en la fundación de la comunidad de Chile Chico donde impartió clases de hogar. Posteriormente y desde esta comunidad formó parte del grupo misionero itinerante de Siervas de San José, recorriendo los pueblecitos, cercanos al Lago General Carrera, a los que no les llegaba el anuncio del Evangelio por su aislamiento.
También estuvo en la fundación de Colina, donde trabajó en el apostolado rural y catequesis familiar.
En Coyhaique, se dedicó a la promoción y evangelización de jóvenes y mujeres pobres de un barrio periférico, a través del Taller San José. Participaba en la atención a una capilla y en la preparación de la gente para los sacramentos.
En los diferentes Talleres donde ella trabajó, siempre se manifestó preocupada por ofrecer a las mujeres, además de una formación laboral, una formación humana y cristiana.
En 1993 regresó a España,  siendo destinada a Gallegos de Sobrinos (provincia de Ávila), luego a Salamanca-Almarza y últimamente a la Casa de MM. Mayores: los primeros años, colaborando en la atención a  las hermanas, y, después, aceptando la ayuda que necesitaba en su enfermedad.
Isabel era una mujer sencilla, muy alegre y animosa, entusiasta, que hacía la vida agradable en los encuentros de la Viceprovincia Chilena. Muy entregada y apostólica, generosa y agradecida. Responsable en lo que se le encomendaba, cercana y servicial.
Amaba profundamente su vocación: trasmitiendo el amor al trabajo y a la oración, a la Sagrada Familia como modelo para las trabajadoras y dedicando su vida a los pobres.
Profesaba un gran amor a la Congregación y a su familia, a la que tanto quiso y siempre se sintió muy querida por ella.
 Fue una mujer de fe que supo afrontar el sufrimiento personal y familiar con gran fortaleza, unida siempre al Señor Jesús, especialmente en este largo tiempo de su enfermedad.
Ya habrá escuchado del Señor: "Ven sierva buena y fiel, entra en el gozo de tu Señor".                       
Comunidad MM. Mayores de Salamanca

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